Los diez principios

  • 1. Mantener erguida la cabeza
  • 2. Hundir el pecho y redondear la espalda
  • 3. Relajar la cintura
  • 4. Distinguir entre lo lleno y lo vacío
  • 5. Hundir hombros y codos
  • 6. Usar la mente y no la fuerza
  • 7. Coordinar lo superior y lo inferior
  • 8. Armonía entre lo interno y lo externo
  • 9. Siempre continuo, sin interrupción
  • 10. Tranquilidad en el movimiento

Acerca de mi

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* Instructor LUOHAN QIGONG por la Choy Lee Fut international Chan Family Generation * Profesor TaiChi estilo Yang *Subcampeon de armas tradicionales y medalla de oro en TuiShou en el I OPEN NACIONAL DE KUOSHU * Masajista Tui Na (masaje terapeutico Chino) Nivel 1 y 2 de Reiki

Yang family generation

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Frases y proverbios

“Eventualmente, después de unos años de práctica, uno va sintiendo que cada
movimiento del Taiji Quan es un movimiento del universo.
La separación entre mente, cuerpo y espíritu comienza a desaparecer y el
estudiante de Taiji Quan consigue la ¨Unidad¨.”
Jou Tsung Hwa

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jueves, 13 de noviembre de 2008

postheadericon Clásico del Taiji Quan (Wang Zongyue)



Taiji surge del Wuji:
es la madre de YinYang.
En movimiento Yin Yang se separa,
en reposo se une.

No hay exceso,
no hay deficiencia.
Al seguir al adversario,
ceder, luego avanzar.

Cuando el adversario es duro
yo soy suave;
esto se llama ceder.
Seguir su movimiento se llama adherir.

Cuando el adversario se mueve rápido
yo me muevo con rapidez.
Cuando se mueve lentamente
yo me muevo con lentitud.
Las situaciones varían al infinito,
el principio es subyacente
siempre es el mismo.
Gracias a la práctica
uno se acerca a la comprensión del Jing.

Ella nos encamina el refinamiento
de la intución.
Pero nada se logra de pronto
sin esfuerzo,
sin un hondo adiestramiento.

Una fuerza intangible
mantiene la cabeza erguida
y sube hasta la coronilla.
El Qi desciende hasta el Dan Tian.

No inclinar el eje en ninguna dirección.
Aparecer de pronto,
desaparecer súbitamente.

Si hay presión sobre la izquierda,
la izquierda se vuelve etérea;
si es sobre la derecha;
la derecha desaparece.
Si el adversario empuja hacia arriba,
se debe subir;
si lo hace hacia abajo,
es preciso descender.
Cuando avanza,
alargar la distancia que nos separa;
si se retira,
hacerla más pequeña.

El cuerpo es tan sensible
que responde al mero
tacto de una pluma,
y ni un insecto encuentra apoyo en él.
El adversario no me conoce,
pero yo sí lo conozco.
Esto hace que un hombre sea invencible.

Existen muchos estilos marciales.
Se les distingue por sus posturas
y sus formas.
Pero a fin de cuentas,
siempre vencen a la debilidad con la fuerza,
a la lentitud con la rapidez.
El fuerte vence al débil,
las manos lentas se someten a las veloces.
Pero ésto sólo resulta de un don innato
y no de la fuerza que otorga la enseñanza.

Pensemos en el refrán que dice:
"Cuatro onzas pueden
repeler mil libras".

Esto no lo hace la fuerza muscular.
Cuando un anciano vence
a varios atacantes,
sin duda no es cuestión de rapidez.

Al estar quieto,
mantener un equilibrio de la balanza.
En movimiento,
ser como una rueda de carreta.

Si el adevrsario empuja
hacia un lado o hacia abajo,
hay que seguirlo.
Si el peso se apoya más de un lado,
el movimiento se realiza fácilmente.
Si se reparte por igual uno se estanca.
Quien después de mucho tiempo
no ha aprenido a transformar el ataque,
comete el error del doble peso:
apoyarse por igual en ambas piernas.

Para evitar este error,
conocer la teoría de Yin Yang.

Adherir es ceder,
ceder es adherir.
No hay Yin sin Yang,
no hay Yang sin Yin.
Yin y Yang cooperan mutuamente.
Comprenderlo abre las puertas
para comprender el Jing.

Una vez que se entiende el Jing,
la práctica conduce al refinamiento.
Aprender en silencio y atesorar
el conocimiento
para acercarse a lo que la mente desea.

Lo principal es olvidarse de uno mismo
y seguir al adversario.
Esto no ha de confundirse
con abandonar lo que está cerca
por alcanzar lo que está lejos.

Una pequeña desviación inicial
a la larga se convierte en mil kilómetros.

Que el practicante reflexione
para lograr la comprensión.